Mis poetas

Como música de fondo para acompañar al poema
Rudyard Kipling
¡Serás hombre, hijo mío!
Si guardas en tu puesto la cabeza tranquila
cuando todo a tu lado es cabeza perdida...
Si tienes en ti mismo una fe que te niegan 
y no rechazas nunca las dudas que ellos tengan...
Si esperas en tu puesto sin fatiga en la espera... 
Si engañado, no engañas... Si no buscas más odio
que el odio que te tengan...
Si eres bueno y no finges ser mejor de lo que eres...
Si al hablar no exageras lo que sabes y quieres...
Si sueñas y los sueños no te hacen su esclavo...
Si piensas y rechazas lo que piensas en vano...
Si tropiezas al Triunfo, si llega tu Derrota 
y a los dos impostores los tratas de igual forma...
Si logras que se sepa loa Verdad que has hablado
a pesar del sofisma del Orbe encanallado...
Si vuelves al comienzo de la obra perdida
aunque esta obra sea la de toda tu vida...
Si arriesgas en un golpe y lleno de alegría
tus ganancias de siempre a la suerte de un día
y pierdes y te lanzas de nuevo a la pelea
sin decir nada a nadie de lo que es y lo que era,,,
Si logras que los nervios y el corazón te asistan
aún después de su fuga de tu cuerpo en fatiga 
y se agarren contigo cuando no quede nada
porque tú lo deseas y lo quieres y mandas...
Si hablas con el Pueblo y guardas tu virtud...
Si marchas junto a Reyes con tu paso y tu luz...
Si nadie que te hiera, logra hacerte la herida...
Si todos te reclaman y ni uno te precisa...
Si llenas el minuto inolvidable y cierto 
de sesenta segundos que te lleven al cielo...
Todo lo de esta Tierra será de tu dominio y, mucho más aún:
Serás HOMBRE ¡Hijo mío!

Jesús Cancio, el Poeta del mar
(Comillas 1885 - Polanco 1961)
El Cementerio del Poeta

Tu cementerio,
Ángeles sobre tumbas,
Gaviotas blancas.




A Jesús Cancio Corona, el poeta del mar
Taller de Poesía -Comillas 2011




Romance de la mañana de Mayo
El sol y la mar tenían                         Como saludo cordial a la
amores de madrugada.              pluma de Alfredo Velarde, moza                 
Por cada beso de luz,                 y enamorada del pincel
un rizo de espuma blanca...       nobilísimo de Gutiérrez Solana 
El mar le dijo a la aurora: 
-¿Me quieres, linda mañana?-
Y ella por loca respuesta
llenó de besos su cara.
Con la marea crecieron                                    De su obra
de los amantes las ansias,
y hubo suspiros de brisa,                  "Romancero del Mar"
y hubo arrullos de oleada,
y hubo mil palpitaciones
de las encendidas aguas
que eran voces contenidas, 
palabras entrecortadas
por una emoción nacida
de lo más hondo del alma.
El sol y la mar tenían 
amores de madrugada. 


Delicia de sol y fuego, 
romance de la alborada;
aquel que te gusta, siente
enferma de gozo el alma,
y tu idilio marinero,
es una trova romántica,
es una estampa española
llena de gracia gitana,
que el mar se ha puesto en el pecho
una flor de espuma blanca;
saltó cantando de gozo
las rocas que le cercaban,
y a impulsos de la marea,
se fue de ronda a la playa.
La sombra de los pinares
muerta de celos estaba,
y cuando el sol descendía, 
lentamente se estiraba
por llegar hasta las olas
y en un descuido besarlas;
pero las olas, al verla,
murmurando se alejaban,
que era su bien solamente
el sol de las alboradas.
Que el sol y la mar tenían
amores de madrugada.


Nido de luz y cariño
era la oculta ensenada,
y, de vez en vez, tan locas
estaban de amor las aguas,
con tal ímpetu corrían,
de tal manera bogaban,
que, en floración rumorosa, 
se abrían, se desgarraban,
y, con gesto de vencidas,
jadeantes, fatigadas, 
se arrastraban quejumbrosas,
sin arribar a la playa.
Por cada beso de luz,
un rizo de espuma blanca.


Nido de sol y de amores
era la oculta ensenada.
Ya lo dijo un marinero
mientras cruzaba la barra
con las velas de su nave
a todo viento largadas.
Ya lo dijo un marinero
en la red de una tonada
tan honda como su pena,
tan fina como su lancha.
-Como la noche sin luna
es el dolor de mi alma.
¡Ay! Si tú fueras el sol
y yo el mar de la mañana!...


Una gaviota, jugando,
bajó hasta el borde del agua,
y en el lomo de las olas
quiso humedecer sus alas:
Nunca lo hiciera, que presto
trocó sus plumas en ascuas,
pues siempre jugó con fuego
el que con amor jugaba.
El sol y la mar tenían
amores de madrugada.
¡Por cada beso de luz,
un rizo de espuma blanca! 









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