11 de Julio de 2004
Querido Pepe:
Acabo de enterarme de que no has querido esperar ni al próximo curso para dejarnos. Qué voy a decirte: esto así no se hace. Debiste tomarte un tiempo para adaptarte a la nueva situación, no sé a cuento de qué viene tanta precipitación.
Ahora llegaba el tiempo...
... de embelesarte contemplando la misteriosa esfericidad concéntrica de las cebollas, o sea, de cultivar tu alma de hortelano macerada en la Complutense;
... de pelar el plano de carreteras a la busca de un paraje sencillamente singular o singularmente sencillo;
... de condecorar los suculentos potajes de fogones inexplorados con la cuchara de oro, plata o bronce, según mérito;
... de remansarte a paliquear con unos y con otros, a ser posible poco y al revés, como es costumbre;
... de poner al día la "Resistencia de Materiales" con la excusa de remozar la casa, que ya son ganas;
... de preparar los caminos de este señor -¿no habías quedado en estudiar lo de mi prejubilación?-;
... de dejarte hacer arrumacos por los que te queremos, que somos legión a pesar de la coraza de cardo borriquero en la que tantas veces te atrincheras.
Tú te lo has perdido. Y, de paso, nos lo has hecho perder, que teníamos muchas cosas pendientes.
Es tan vívida la sensación que tengo de tí, de tu sonrisa, de tus gestos, de tu voz, que todo en mí se niega a aceptar que te hayas ido.
A modo de abrazo fraternal VIVA LA REPÚBLICA.
Hasta luego, Pepe. Pide una ronda, que vamos llegando.
Gracias, por tu afecto y camaradería con Pepe, desde mi cariño
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